apego

Apego, no es pegamento

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Hace un tiempo quería escribir esta entrada que está dirigida a aquellos padres que han leído demasiado de crianza, y muchas veces por leer tanto, han dejado de lado el conocimiento más importante, “el del instinto (p)materno”. Desde un tiempo, he visto como han proliferado muchos sitios de Internet, acerca de temas de crianza y de apego, donde personas suelen autodenominarse que ejercen una “crianza con apego”.

El término “crianza con apego” está mal empleado, debido a que uno siempre forma un vínculo de apego en la crianza sin hacer un mayor esfuerzo. Este puede ser de apego seguro o apego inseguro y sus variantes (ambivalente, evitante o desorganizado). Los únicos que no forman apego serían niños institucionalizados lo cuales no tienen una figura primaria permanente en el tiempo (niños en hogares).

Para criar con apego habría que estresar constantemente a nuestros hijos, ya que el apego aparece sólo en conductas de estrés, es por eso que la únicas forma de evaluar el apego es bajo este tipo de situaciones y la respuesta del niño con sus cuidadores va a depender del tipo de apego que tiene con estos. Seguir leyendo »

Una Madre Debe Estar Ahí… Simplemente eso

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Desde un tiempo a esta parte he reflexionado profundamente acerca de la presencia física que tienen que tener las madres cuando un hijo está enfermo. Esa sensación “casi mágica” de tranquilidad cuando la madre está, en sí es el remedio a la enfermedad, más que el remedio mismo. Seguir leyendo »

¡Se nos perdió el conejo!

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Prácticamente todos los niños del mundo tienen algún objeto de apego, que le ayuda a pasar sus ratos tristes, a consolarse cuando tienen penita (por ejemplo, lo empujó algún amiguito) o extraña a mamá y a papá.

El de Santiago es un un conejo verde al que le falta una oreja; y creanme que le da lo mismo que esté destartalado, que no existan los conejos verdes ni menos que le falte una oreja (la perdió porque de ella lo arrastraba a todas partes). A “Nejo” lo cuidamos todos porque siendo parte de la familia, ¿qué hacemos si se pierde?… ¡y se perdió! Seguir leyendo »

El alimento perfecto

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El posnatal de seis meses, entre todos los beneficios que tiene para la madre y el hijo, favorece la lactancia materna. Porque según los expertos no solo se trata del alimento más completo, sino que existe un componente emocional. Entonces, todas las recomendaciones apuntan a la importancia que tiene los seis primeros meses de vida de la guagua, ser amamantado por su mamá.
“La leche materna tiene propiedades inmunológicas y nutricionales, así como estimulantes cerebrales, lo que le aportará defensas contra las infecciones; elementos nutricionales para crecer y desarrollarse, incluyendo el sistema nervioso y el cerebro. Además, la succión ejercida al amamantar favorece el desarrollo dento- maxilar”, explica la enfermera matrona de Red Salud UC, Elizabeth Martínez.
Respecto al posnatal de seis meses, la profesional opina que “al estar más tiempo con su hijo la madre disminuirá el nivel de estrés y angustia que le significaba dejar a su bebé al cuidado de otra persona o incluso llevarlo a una sala cuna. Anteriormente, el precoz regreso a la vida laboral alteraba la lactancia y también el vínculo con su bebé, lo que se traducía en disminución de la leche materna, introducción de sustitutos alimenticios, aparición de enfermedades respiratorias, costos económicos por licencia medicas, medicamentos, ausentismo laboral, etc. Es decir, costos para la familia y para el país”.
Por último, la enfermera matrona destaca que la leche materna no tiene costos económicos, es ecológica y disminuye la morbi-mortalidad. infantil.

No quiero otra cesárea INNE-cesaria

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Mi primer parto fue cesárea, debido a un problema en mi cadera. A mi hija me la sacaron a las 39 semanas sin haber tenida nunca una contracción, excepto un par de Braxton Hicks (pero esas no cuentan). Pesó  2,820 y 48 cm. Fue en pleno febrero, cuando mi médico ya quería irse de vacaciones, de hecho me hizo la cesárea y al otro día se fue con su familia dejándome a cargo de otro médico que yo no conocía. El problema no fue ese, sino que tuve a mi hija a las 8:15 de la mañana y recién a las 23:00 hrs. pude reaccionar y poder empezar a darme cuenta de lo que había pasado, había sido madre, ya que sentía que todo parecía un sueño.

Esta situación siempre me quedó dando vueltas en mi corazón, ya que me sentía un poco culpable, sabía lo importante de las primeras horas para el apego, la lactancia,  pero no tenía todavía las herramientas de mi especialización y, por desconocimientos, no hice valer mis derechos. Fue gracias a la madrina de mi hija y su apoyo, que mientras yo deambulaba entre un estado de sueño y vigilia ella la sostenía en mi pecho y la cambiaba, cada vez que mi hija lloraba por hambre, dado que yo no me encontraba con mis capacidades a pleno.

Por todo lo anterior y esa sensación un poco amarga que me quedó del primer día de mi hija, conversé con mi marido, ya que yo no quería que me pasara lo mismo con mis próximos hijos. Después de varios fundamentos y explicaciones (es ingeniero le costaba entender lo del apego, algo tan insustancial), decidimos que no nos volviera a pasar.  Antes de volver a quedar embarazada fui a hablar con mi doctor, y le pregunté acerca de un parto normal después de una cesárea, el fue enfático, ya que no los realizaba, por el riesgo que implicaba en la madre. Comencé a averiguar con otros médicos y varios me dijeron que si era posible. Por lo que nos decidimos y cambié de ginecólogo, algo que las mujeres sabemos lo complejo que es, pero lo hice. Quedé embarazada,  y en eso estoy  ahora a la espera de tener mi primer hijo por parto normal.

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De mi pieza a SU pieza

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Muchas madres me encontrarán razón: el hecho de que su hijo se vaya de la pieza es un hito importante en la vida familiar. Se traduce en independencia personal, de pareja y familiar por supuesto. Muchos especialistas hablan de la importancia del vínculo madre-hijo, de que los primeros 6 meses son fundamentales en su formación, regulación y todas esas cosas y yo, como madre y psicóloga, sentía que era una responsabilidad aún mayor, debido a que tenía que ser ejemplar.

Aún recuerdo el primer día en que mi gorda durmió fuera de mi metro cuadrado, lejos de mi psicosis nocturna de saber si respira o no, si se mueve, si no le tapa el pañal su cara, si tiene hambre, etc.

Me empecé a preparar más de un mes antes, leí todo los artículos científicos como cualquier cosa de dudosa fuente que encontrara en Internet. Y comencé mi “entrenamiento”, como decidí llamar a este proceso. Tenía claro que no estaba dispuesta a  sacarla después de varios 5 años, debido a todos los problemas que eso me traería: gran sentimiento de culpa, peleas de pareja, más una cuota importante de ansiedad para el niño.

Sin  duda que todo ese proceso es fuerte, pero claramente para mí fue más fuerte que para ella, me preocupé de leer todo en relación a ella, y nunca imagine que el verdadera “trauma” lo iba a vivir yo, ya que las primeras noches sentía que faltaba algo de mí, recordaba todos esos meses en mi útero… en mi vida, mientras ella estaba feliz durmiendo en su cuna. Al parecer mi entrenamiento fue un éxito, pero yo no estaba preparada para que no me necesitara en las noches.

Considero que las madres necesitamos ese vínculo, muchas veces forzado  “la función del hijo” para sentirnos completas, ser alguien en el mundo y sentirnos realizadas. Usamos  excusas como “mi guagua aún no está preparada”, cuando la que no está preparada es uno, y aplazamos ciertos procesos que para ellos son normales hasta volverlos patológicos con tal de que nuestra guagua dependa de nosotras.  Sin duda que la relación madre e hijo es un proceso fuerte y a muchas mujeres realmente las supera psicológicamente, pero creo fielmente que si uno siguiera sus instintos más que lo que dicen los libros, charlas, “especialistas”, familia y amigas, todo sería más fácil, ya que no existe la receta perfecta para ningún proceso, sino que cada niño es un mundo con sus particularidades y diferencias, y lo que le sirvió al hijo de mi amiga no necesariamente le servirá al mío.

Pero somos mujeres, y asumimos la maternidad como algo muy importante que no resistimos y terminamos consumiendo todo el material que está disponible para madres como yo, que sueñan con ser la mejor mamá del mundo, cuando un hijo lo que necesita es que simplemente seamos su madre.

María Paz Aguilera Oportus
Psicóloga Clínica en Apego, Lactancia y Crianza
Diplomada en Intervención Temprana en Salud Mental
Instructora certificada de Taller de Apego y Masaje Infantil Shantala
mapaz.aguilera@gmail.com Celular: 90153162

Lactancia Materna: mucho más que un alimento… un movimiento social

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La lactancia materna ha sido centro de debate desde un hecho reciente ocurrido cuando una psicóloga chilena pusiera una foto en Facebook donde aparece amamantando a su hijo, y en donde deja ver uno de sus pechos. El debate en la opinión pública ocurre porque este sitio cerró la cuenta de la psicóloga para luego reabrir y censurar parte de información.

Lo primero es definir la lactancia materna desde un plano biológico: después de ocurrido el parto, ya sea normal o cesárea, hay un aumento de las hormonas oxitocina responsables de la “bajada de leche” y prolactina “la hormona del amor”, apareciendo  primero calostro que sirve de protección inmunológica para el recién nacido, para después transformarse en leche humana, con un aumento considerable de los pechos de la mujer. Frente a esta capacidad natural que tenemos los mamíferos humanos, la Unicef y la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomiendan la lactancia materna exclusiva, es decir que sea única fuente de alimento, durante los primeros seis meses de vida, y luego, con la incorporación de los sólidos, recomiendan su continuidad hasta los dos años o más.

Es aquí donde me cuestioné un sinnúmero de hechos, desde políticas públicas para legislar, beneficios médicos, psicológicos e incluso sociales. Probablemente la mayoría de las personas podrían nombrar al menos tres beneficios para la madre o el niño de la lactancia materna, sin necesidad de ser expertos en la materia. Sin embargo, a pesar de que se conocen estos beneficios, desde mi perspectiva el mayor tope para que este proceso natural se realice de la mejor forma es la opinión pública. Socialmente no estamos preparados para la lactancia, siendo “mal visto” dar pecho en público e incluso repudiado el hecho de la lactancia en niños más grandes, aquellos mayores a seis meses. Apenas las mujeres pasan esta berrera y no se les ha cortado la leche como un proceso natural, la sociedad comienza a preguntar ¿y hasta cuándo le vas a dar pecho? ¿todavía está tomando leche materna si ya tiene nueve meses?, por ejemplo. Por otro lado pediatras y/o ginecólogos (la mayoría, no todos) inmediatamente ven como un problema la lactancia materna y ofrecen las “alternativas de leche en fórmula” para terminar con eso tan desagradable como la lactancia materna, ya que quita tanta libertad para la madre. De esta forma, las madres, sin mucho preguntar, van haciendo caso a lo que dicen los “especialistas”.

Todo lo anterior me hizo pensar en lo importante que son las madres en la decisión de amamantar a sus hijos, tienen un poder inigualable e intransferible. Ellas son las que deberían decidir cuándo terminar con este proceso, movidas por un acto de amor hacia su hijo. No me parece que otros, ya sean médicos o la sociedad, decida por ellas, y mucho menos que esta decisión sea motivada por circunstancias laborales. Es importante destacar que como mujeres tenemos derechos, pero también responsabilidades. Incluso a mi me cuesta imaginar a una mujer lactando a su hijo mayor de dos años (quizás la sociedad ha influido demasiado en mí), pero si soy partidaria de una lactancia informada para la madre, en la que ambas partes (madre e hijo) decidan el termino de esta de manera tranquila y no traumática, manteniendo un tiempo mínimo de seis meses. Tal como lo define el pediatra Carlos González en su libro Un regalo para toda la vida, la lactancia materna debe ser un acto de entrega y amor hacia el infante.

Me gustaría que al finalizar este artículo la gente que lo lea se quede con unos puntos centrales: informarse, leer, decidir libremente en pro del niño y la madre (en ese orden primero el niño), y empoderarnos como madres.

María Paz Aguilera Oportus
Psicóloga Clínica en Apego, Lactancia y Crianza
Diplomada en Intervención Temprana en Salud Mental
Instructora certificada de Taller de Apego y Masaje Infantil Shantala
mapaz.aguilera@gmail.com Celular: 90153162

¿Qué es “El Apego”?

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Probablemente muchas veces has escuchado el término apego, pero realmente no tienes muy claro qué es, y con qué está relacionado. Esté artículo intenta explicarte de manera sencilla este término para entender lo indispensable que es el apego en la vida de los seres humanos.

El apego vendría a ser el vínculo primario que se forma, mayormente, por la relación madre e hijo, siendo también posible entre un adulto significativo (padre, abuelos, tíos, etc.) y un bebé durante sus primeros meses de vida. Este vínculo determina actitudes por el resto de la vida de ese infante. Este lazo conformado de la unión física y emocional del niño con el adulto, es lo que da la base para la sobrevivencia de esta nueva criatura, debido a que como seres humanos nacemos de manera incompleta desde diversos puntos de vista del desarrollo, razón por cual necesitamos el cuidado de otro ser humano mayor para asegurar nuestra subsistencia durante los primeros meses de vida, dependencia que tiene un descenso paulatino hacia la adultez. Esto se contrapone con algunos animales, los cuales no siempre necesitan los cuidados de la madre, pudiendo la cría valerse por sí sola poco después del alumbramiento. Seguir leyendo »

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