12 de 09 de 2017

¡Dile adiós al miedo del pediatra!

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¿Las visitas al doctor terminan en llantos? ¡Te ayudamos con estos consejos!

Aunque durante los primeros años de vida los niños acuden al pediatra de forma periódica, con frecuencia sienten temor a esa visita porque empiezan a ser conscientes de lo que significa ir al médico por no sentirse bien o asociarlo –incorrectamente– a no estar bien.

A veces, intentamos usar al doctor como arma: “Si no te lo acabas todo, la doctora te tendrá que inyectar unas vitamina”, “si te portas mal, te voy a acusar con el doctor”. El uso de semejantes frases genera que el niño asocie al médico con lo desagradable: el castigo. Esto aumenta su temor a las visitas, pues además sabe que ahí siente dolor. Es un grave error querer dominar a los niños (o a los adultos) a través del miedo.

La verdad ante todo

Dale a tu hijo explicaciones sencillas y adecuadas a su edad, nunca le mientas. Las relaciones humanas se basan en la confianza mutua. Si lo llevas al pediatra, no le digas que van de paseo; si le toca la vacuna, no le asegures que hoy no lo van a inyectar; si le va a doler, no le digas que no duele. Por supuesto, las malas noticias no hay que arrojarlas así nada más, es mejor descubrirlas con comprensión y tacto, buscando siempre el rayo de esperanza: “Yo te daré la mano mientras te inyectan”, “tendrás que quedarte en el hospital unos días. Pero no te preocupes, porque papá, tía Marta y yo nos turnaremos para quedarnos contigo, no estarás nunca sola”.

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5 Prácticas para ayudar al pediatra

Junto a las indudables propiedades anestésicas de los besos y del sana, sana, hay muchas otras cosas que podemos hacer para ayudar a los niños a soportar los malos tragos.

1. Apoya a tu hijo para que no llore. Normalmente, el pediatra estará deseoso de que hagas cualquier cosa para que el niño no llore; no puede auscultarlo mientras llora porque no se oye nada.
2. Ayuda con lo que puedas hacer. Si tu peque siente terror cuando le quitan la ropa y lo dejan en la camilla, desvístelo sentado en tus piernas; el pediatra podrá revisarlo tranquilamente. Si para la exploración es imprescindible estirarlo en la camilla, sigue dándole la mano.
3. Háblale. Solo en algunos momentos concretos, cuando el pediatra está auscultando a tu hijo o le está haciendo preguntas, es mejor que los padres estén callados. El resto de la exploración suele ser más fácil si distraes al niño.
4. No intentes responder por él. Muchos padres tienen la costumbre de actuar como portavoces de los niños. Si el pediatra le pregunta al niño y no a la madre, es por algo: puede estar intentando ganarse su confianza o quizá necesita saber exactamente, de primera mano, lo que opina. También puede que quiera oírlo hablar, ver cómo pronuncia y qué vocabulario tiene, o comprobar si oye bien.
5. Comenta las cosas que sabes que lo asustan. Si sabes de algo que lo espanta especialmente, intenta ahorrárselo. A veces, los médicos hacen cosas por rutina. No temas decirle al pediatra cosas como: “Si no es necesario, no le baje el calzoncito; le da vergüenza”. De hecho, a algunos niños les da asco que les pongan el abatelenguas en la boca.

[Por: Carlos González, pediatra]

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