14 de 06 de 2017

No todo es otitis

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¿Deberías ir corriendo al médico por cada dolor de oído? Descúbrelo aquí.

Ver a un niño con dolor, llorando y muy incómodo, nos rompe el corazón; ante ello, muchas veces los papás salen corriendo a urgencias para que el médico les recete “algo”. Sin embargo, no siempre es necesario, pues un calmante lo solucionaría a la perfección. Claro que para llegar a esta conclusión, los padres deben reconocer cuándo sí y cuándo no lo ameritaría, o incluso, simplemente llamar a su pediatra para que los oriente.

El dolor de oído, por ejemplo, es una situación recurrente en los menores de cinco años, pero como no siempre viene acompañado de infección, es innecesario acudir al médico para recibir antibióticos. De hecho, algunos padres se preocupan apenas ven a su peque tocarse constantemente la oreja; para los niños, la oreja es un elemento digno de exploración, les llama la atención por su textura y carnosidad. Mas eso no significa que les duela o les moleste, solo están investigando.

El dolor de oídos (u otalgia)
Suele aparecer de noche. El pequeño se despierta con un llanto intenso que no se calma fácilmente y suele buscar el calor, por eso es habitual que apoye el lado que le duele contra el pecho de su mamá. El calor alivia momentáneamente, aunque a la larga no quita el dolor, pero mientras hace efecto el calmante, cualquier cosa es buena para consolar al niño (como abrazarlo y consentirlo).

LA OTITIS ES UNA INFLAMACIÓN DEL OÍDO CAUSADA POR UNA INFECCIÓN QUE PRODUCE FIEBRE, DOLOR INTENSO Y TRASTORNOS DE LA AUDICIÓN.

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Otitis que no son otitis
1. Están las otitis de vacaciones, las de piscina. Suelen ser externas y afectar el conducto auditivo, no el oído. Se suelen tratar aplicando gotas localmente y se previenen manteniendo seco el conducto. Después del baño o de estar en una piscina, seca con la punta de la toalla las orejas de tu pequeño para que no se acumule agua en esa zona, porque humedad y calor son un caldo de cultivo para cualquier germen.

2. Están los dolores que aparecen cuando el niño tiene un resfriado estacional; en este caso, solemos decir que los mocos se han ido al oído. Esa mucosidad ejerce presión sobre la pequeña caja timpánica y puede provocar una molestia muy intensa y supuración. Cuando este moco es transparente, la otitis se soluciona sin tratamiento – aunque la supuración puede durar unos días– en todo caso, con ayuda de ibuprofeno. Sin embargo, cuando el dolor persiste y el niño tiene fiebre alta o la supuración es maloliente y purulenta, entonces es muy posible que haya una infección, vírica o bacteriana: si esta se debe a virus, no necesitará tratamiento antibiótico; si es bacteriana, sí. Recuerda consultar con tu pediatra, él te dirá qué es lo que se debe hacer en cada caso.

¿Sabías qué?
Los aspectos que predisponen la infección son:
• Cambios de altitud o de clima.
• Exposición al humo del tabaco.
• Enfermedad reciente de cualquier tipo (porque disminuye la resistencia del cuerpo a la infección).

[Por: Dr. Jesús Martínez, Pediatra]

1 comentarios

Luis

22 de junio de 2017

Muy interesante el artículo. Mi hijo estuvo toda la noche despierto con un dolor de oido, luego de pasarse el día en la piscina. Tendré el cuenta tus consejos para la próxima. Saludos!

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