26 de 05 de 2017

HERMANOS: AMIGOS DE POR VIDA

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Entre ellos comparten un mundo en común que los ayuda a forjarse seguros y felices. De ti depende que esto ocurra y se mantenga por mucho tiempo más. ¡Averigua aquí como!

La historia está llena de casos de hermanos que lograron tener éxitos en común o sobresalir en distintos campos, pero eso sí, siempre juntos y velando unos por otros. También los hay que sin llegar a conquistar grandes hazañas a los ojos de los demás, se convirtieron en verdaderos amigos, quienes sin importar las circunstancias, permanecen juntos y comparten miles de experiencias.

Es seguro que la mayoría de los padres desean que sus hijos creen este tipo de relación tan sólida, pero no basta con dar por sentado que por tener la misma sangre y ser protagonistas de una vida juntos, el amor está dado, ya que para nadie es un secreto que resulta necesario esforzarse para cultivarlo, y en ese aspecto la participación de los padres es fundamental.

LA SANGRE QUE LOS UNE

De cierta manera, una de las relaciones más difíciles de sostener es justamente la que se da entre hermanos, explica la psicóloga Mariana Rivera, de la Universidad La Salle, pues cada uno de ellos ha llegado a la familia en diferentes circunstancias y momentos de vida, lo cual es una condicionante para que tengan o no mayores retos, distintos beneficios, oportunidades e incluso niveles de amor y aceptación de los padres.

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Partiendo de este punto, te darás cuenta de que la forma en que los trates determinará en gran medida cómo se lleven entre ellos. Si crecen en un ambiente en el que las comparaciones y la competencia son el pan de cada día, o si las responsabilidades, el amor y el reconocimiento se cargan más hacia unos que hacia otros, evidentemente será difícil que se dé una buena relación. En cambio, cuando el amor y la educación se brindan en dosis iguales, los chicos se desarrollan con autoestima y seguridad en sí mismos, por lo que sabrán reconocer tanto las virtudes propias como las de sus hermanos.

VIVAN EL AMOR

Los niños aprenden a través de lo que ven, por lo que, desde luego, la relación que tú y tu pareja tienen con sus propios hermanos influirá en la de ellos; sin embargo, esto no condiciona a que si las suyas no fueron armoniosas, esto se repita con sus hijos.

Actitudes como reprimir al mayor para que el pequeño no se sienta molesto, obligarlo a cederle sus juguetes o habitación, así como justificar el comportamiento impropio del menor de suponer que no sabe o que no puede controlarse, hace que el grande se sienta poco valorado y, eventualmente, al hijo pequeño le concede cierta ventaja, pues sabrá que sus padres aceptan todo lo que haga a costa de su hermano y que a él no lo reprenderán.

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Sin importar la edad de los hijos, desde bebés es conveniente que aprendan a adaptarse a su entorno, el ambiente en casa no debe sufrir grandes ajustes y el nuevo integrante debe ir tomando como propias todas las reglas que ya existían. “Desde aquí empieza la integración y el trato justo hacia cada miembro, y debido a que nadie se siente amenazado, entonces es posible acercarlos, enseñarles a conocerse, a ser considerados unos con otros, a respetarse y a ser solidarios. Es cierto que de acuerdo a su personalidad, hay hermanos con más gustos en común y que comparten más tiempo, pero el fin es que cada uno sepa que puede contar con el otro, porque realmente no hay ningún obstáculo que los divida”, sostiene Mariana Rivera.

¡QUE FLOREZCA EL AMOR!

Como en todo tipo de relación, la hermandad se tiene que alimentar para que el lazo entre tus hijos sea inquebrantable para toda la vida. Pon en práctica estos consejos que comparte la psicóloga Mariana Rivera.
• Todo empieza con el ejemplo, si tienes hermanos trata de destacar con frecuencia aspectos positivos de ellos y anima cada día a tus hijos a hacer lo mismo entre ellos; por ejemplo, resaltar lo bien que se ve o lo rápido que terminó su tarea.

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• Propicia que tengan alguna actividad juntos y que les agrade, como jugar con su perrito, ver un programa de televisión, etcétera.
• Cuando salgas o estés ocupada en algún asunto, deja encargado a cada uno de ellos en distintas ocasiones, sin importar la edad, así aprenderán a cuidar uno del otro.
• Enséñalos a ayudarse mutuamente, organízalos para que guarden juntos los juguetes o que preparen la cena para ellos mismos.
• Anímalos a hablar sobre sus gustos, logros, inquietudes… Esto lo haces posible cuando procuras que se acompañen y compartan en familia la conversación.
• Ante la enfermedad, promueve que tengan atenciones y se ocupen de estar al tanto del bienestar de cada uno.

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