24 de 05 de 2017

Personitas antibullying

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Empecemos a educar niños agentes del cambio, que impulsen el respeto y la tolerancia. ¡Descubre cómo!

Hace años, las burlas, los chantajes entre compañeros, los insultos, los hurtos y hasta las agresiones eran consideradas conductas normales en los colegios, una especie de peaje que muchos pequeños debían pagar por el hecho de ser nuevos, tener algún rasgo físico que se saliera de la norma, disponer de menos herramientas para relacionarse o, simplemente, porque sí, porque “les tocaba”. Sin embargo, paulatinamente hemos ido tomando conciencia de la gravedad de tales “niñerías”: depresión, ansiedad e incluso suicidio son algunas de las terribles secuelas de padecer maltratos o violencia en el cole, a manos de los iguales.

Asunto de todos
No obstante, ayudar a la víctima solo es parte de la solución. En los últimos años ha surgido un nuevo y revelador enfoque sobre la violencia en las aulas, según el cual las situaciones de acoso escolar no son un problema binario en el que solo hay dos actores (agresor y víctima), sino un problema sistémico en el que toda la comunidad educativa, y especialmente los iguales, tienen trascendencia para que el acoso se dé y se mantenga.

Si bien es cierto que el simple hecho de ser ligeramente distinto en algo, puede hacer a un niño susceptible a burlas y desprecios por parte de sus compañeros, o que la baja autoestima es un rasgo que comparten víctimas y agresores, también lo es el hecho de que cualquier pequeño puede ser sujeto de acoso. Poner el foco en la víctima y pensar que está en sus manos evitar ser agredido, no es el abordaje más adecuado (aunque lo fue durante años), porque implícitamente se le culpa de su situación (“no tiene habilidades sociales”, “no se lo ha dicho a nadie”, “se aísla de sus compañeros”, “responde a los que se meten con ella y eso los provoca más”…).

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Conciencia colectiva
Esta situación dificulta aún más detectar el matoneo, pues pese a que la mayoría de las veces los niños acosados afrontan la situación adecuadamente (aunque esto no garantiza que el problema se resuelva), las víctimas no siempre denuncian, lo cuentan o lo reconocen. De hecho, es común que la vergüenza y la humillación de las situaciones vividas se reevalúen por parte de la víctima, minimizando el problema, o incluso su impacto (“me pegan patadas, pero a mí no me importa”), lo que dificulta su detección por parte del entorno.

Por eso, la manera de evitar que nuestros hijos padezcan estas situaciones es exigir a los centros educativos un plan de convivencia que incluya programas de prevención eficaces y, desde casa, hacernos conscientes de la responsabilidad de todos en este tema. ¿La clave? En la película del acoso no solo actúan los “bien portados” y los “malvados”: actuamos todos.

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¿Y si mi hijo es la víctima?

• Déjale en claro que no tiene ninguna culpa sobre lo que le está sucediendo y hazle saber que sus padres están a su lado al 100 %, por encima de todo y de todos.

• Explícale que no es correcto mantener el secreto, porque desde el silencio no se le puede ayudar; pero que le preguntarán acerca de cómo se siente en cada uno de los pasos que den para resolver el asunto, antes de hacer algo. El primer paso será hablar con los directivos del colegio.

• Elaboren juntos estrategias para afrontar las situaciones concretas: que tu peque procure no quedarse de último en la fila, que intente estar siempre rodeado de gente, que detecte a los compañeros que puedan tener roles defensores, que diga “déjame en paz” en voz alta y firme, etcétera.

• Enséñale herramientas de defensa personal (zafarse cuando alguien lo agarre del brazo, escabullirse si alguien lo sujeta por detrás, mantener una distancia de seguridad…). Aunque no esté siendo agredido físicamente, se sentirá con mayor confianza en sí mismo porque sabrá protegerse.

• Si el acoso es por Internet o por celular, además de confrontar a los titulares de las redes sociales en las que esté dándose el acoso, será fundamental enseñar a tu hijo a manejar estos canales de forma segura.

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¿Y si mi hijo es el acosador?

• Explícale la diferencia entre conflictos normales entre amigos y acoso, hablen de los tipos de acoso y de sus graves consecuencias; ayúdalo a identificar su papel en el conflicto.

• No admitas excusas del tipo “solo es una broma, a ella no le importa”, etcétera.

• Muéstrate firme en contra de sus actos, no de él o de ella como persona. El mensaje es que no vas a tolerar por ningún motivo esa conducta, pero que vas a estar a su lado hasta que consiga dejar de comportarse de esa manera, porque lo quieres.

• Refuerza positivamente cualquier mejora en su conducta, aunque sea aparentemente pequeña.

• Ayúdalo a congeniar con la víctima.

• Ponle plazos para mostrar resultados y deja claro que si la conducta persiste, habrá importantes consecuencias tanto en el colegio como en casa.

• Si necesitas aplicar consecuencias, es fundamental utilizar métodos adecuados: gritos, golpes o insultos solo empeorarán el problema.

• Habla con los directivos del colegio sobre la situación para elaborar una estrategia de intervención.

 

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Así se detecta

• Cambios en los hábitos de sueño y alimentación, ataques de ira o somatizaciones (dolor de estómago o de cabeza, vómitos, cansancio), cero ganas de ir al cole o a actividades extracurriculares.

• Insultos, amenazas, exclusión, rumores, el retoque fotográfico, la suplantación de identidad, el robo y publicación de información personal en entornos digitales (Internet o celular).

• Heridas o moretones habituales; salvo que los golpes puedan justificarse por la práctica deportiva (esto se pregunta a los profes), debemos indagar profundamente acerca de su origen.

• Si le falta siempre material escolar o desaparecen (“se pierden”) objetos personales que lleva siempre consigo.

• Si pide con sentido de urgencia y casi obsesivamente dinero u objetos para llevar a clase (“mamá, tengo que comprar dos paquetes de láminas hoy sin falta, se lo prometí a un niño”).

• Ropa, maletas, cartucheras rotas o dañadas con demasiada frecuencia.

¡Recuerda siempre estar atentos para luchar contra el bullying!

[Por: Violeta Alcocer, Psicóloga]

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