06 de 04 de 2017

¿Siempre en brazos?

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Tras su necesidad y capricho de que lo carguen, hay una sabia explicación y muchas posibles soluciones.

¿Tu hijo tiene mucha vitalidad, no para, cansa al batallón de familiares y amigos dispuestos a jugar con él hasta la extenuación?. De repente, la energía lo abandona, entonces alza los brazos y grita: “Mami, papi, cárgame”.

Pero ya no es un bebé, pesa lo suficiente como para que nos quede adolorida la espalda y agote nuestra energía después de mucho tiempo en brazos. ¿Tenemos que ceder a sus deseos? ¿Es un mero capricho o una necesidad?

En realidad, ambas cosas. El segundo año de vida viene marcado por la aceleración del desarrollo motor e intelectual. Aprender a andar les da un mayor grado de control sobre sus actos (ahora ya pueden decidir cuándo alejarse y cuándo acercarse).

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Sin embargo, esta recién estrenada autonomía no implica que hayan dejado de necesitar la atención de los padres (ahora más que nunca suelen pelear por su amor exclusivo). Por eso, aunque quieren escalar o tirarse al suelo, también piden brazos y cariño. Les da seguridad, imprescindible para que sigan explorando y aprendiendo a ser cada vez más independientes.

El punto es ceder justo lo necesario. Es importante abrazarlo y consentirlo, pero también lo es permitirle experimentar el malestar, para que aprenda a tolerarlo. Tenemos que ayudarlo a que soporte las esperas y aprenda a demorar la consecución de sus deseos, aunque sea unos minutos.

A esta edad, su nivel de comprensión del lenguaje es bastante avanzado y ya puede entender que nosotros también estamos cansados. Claro, que lo entienda no es razón suficiente para que deje de pedirnos brazos. Su autocontrol es escaso y no puede soportar su malestar, ni ceder ante el nuestro. En cualquier caso, no está de más explicárselo, porque algunas veces resulta que… ¡funciona!

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¿Por qué quiere brazos?

1) Necesidad de mimos: El niño necesita saber que los hombros de mamá y papá están allí cuando se siente disgustado o cuando las cosas no salen como él pensaba.
2) El cansancio lo vence: Da igual dónde nos encontremos, en la fila del súper o buscando un taxi; si se siente cansado, pedirá ir un rato en brazos de papá o mamá.
3) Bonitos recuerdos: Su deseo de estar en brazos también es un recuerdo de los viejos tiempos. A veces, los niños quieren volver a ser bebés, como cuando los llevaban en brazos y los paseaban en su cochecito como si fueran reyes. Porque, en parte, lo siguen siendo.

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4) Se siente mal: Puede tener las manos frías o una piedrita en el zapato, entonces, cree que la forma de que se le pasen todos los males son unos brazos amorosos. Y la verdad es que un poco de atención y consuelo hace milagros.
5) Aburrimiento: De repente, un niño que suele caminar bien y que nos ha demostrado que aguanta mucho tiempo, se hace de rogar. ¿Qué pasa? Es posible, simplemente, que esté aburrido.

TIP: El contacto físico (besos, abrazos, caricias, palmaditas…) le da la fuerza que necesita para levantarse de cualquier caída y seguir con su independencia. No creas que lo harás codependiente.

 

[Por: Jaime Molina]

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