05 de 01 de 2017

El Síndrome del nido

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¿Estás en la recta final del embarazo y sientes un impulso incontenible de ordenar/limpiar/organizar cada rincón de tu casa? Descubre aquí el por qué de esta curiosa -pero habitual- conducta.

Panorama actual: guatita en su máxima extensión, hinchazón generalizada, nervios a flor de piel, cansancio por la falta de sueño, dolor de espalda, calambres en las piernas… Entonces, ¿por qué en lugar de quedarte en cama y descansar, te levantas enérgicamente con las ganas de dejar tu casa reluciente?

La respuesta es muy simple: padeces el síndrome del nido o instinto de anidamiento. De acuerdo con los expertos, esta curiosa conducta tiene varias explicaciones: es una forma de afrontar la angustia que sientes ante la inminente llegada de tu hijo o una manera inconsciente de preparar todo para ese gran momento.

Aunque es más frecuente en mamás primerizas, el síndrome del nido puede afectar a cualquier embarazada que, ante la cercanía del parto, sienta gran ansiedad por tener todo preparado y, de manera inconsciente, prefiera mantenerse ocupada para distraerse de los temores y preocupaciones que pueden surgir ante el nacimiento de su guagua.

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En principio, el síndrome del nido no tiene nada de malo. Siempre y cuando lo que hagas no signifique un esfuerzo exagerado o sea arriesgado para tu salud, no hay problema en que realices todo lo que tengas ganas de hacer, solo asegúrate de tomar descansos con frecuencia.

Cada mujer vive este curioso instinto de manera diferente, en función de sus circunstancias y forma de ser. Según explica la psicologa Mariola Bonillo, suele ser más habitual en las madres con temperamento nervioso y, como ya mencionamos, en las primerizas. “Las que ya han sido mamás suelen sentir menos ansiedad ante la proximidad del parto y, además, al tener más hijos disponen de menos tiempo. Pese a eso, puede tocarle a cualquiera”.

¡Que no te pase la cuenta!

1) Dosifica tu fuerza. Aunque te encuentres físicamente activa, es conveniente que administres tus fuerzas y alternes las tareas del hogar con otras más recreativas (como salir a caminar, escuchar música, leer, ver una película, etc).

2) Cuidado con posibles lesiones. Evítalas vigilando tu postura, tomando las precauciones necesarias y descansando siempre que te sientas fatigada.

3) Controla tus impulsos. Sabemos la tranquilidad que te da tener lista la habitación de tu bebé, pero no es necesario arreglarla todos los días. Equilibra el descanso con la actividad.

4) Ponte freno. Si tu obsesión por limpiar aumenta y ocupa buena parte de tus días (y tus noches) hazte la siguiente pregunta: ¿qué sentido tiene tanto orden para mi? ¿qué quiero lograr con todo esto?

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